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Fragmentos IV

La cuarta entrega de la serie “Fragmentos” está, en esta ocasión, dedicada a la que muchos consideramos la mejor obra escrita sobre nuestra Semana Santa y viene a continuar el recorrido recomendado hace hoy exactamente dos años con "La Semana Santa de Sevilla. Conformación, mixtificación y significaciones”, donde se hacía referencia a la complejidad de esta realidad que, en palabras del autor, se presenta como un “caleidoscopio” por el que se ven múltiples realidades divergentes pero complementarias.

En “Sevilla: Teoría y realidad de la Semana Santa” (1934), Antonio Núñez de Herrera, miembro de la sección sevillana de la Generación del 27 surgida en torno a la revista Mediodía (Juan Sierra, Alejandro Collantes, Joaquín Romero Murube...), se adentra por primera vez en el plano sociológico de la fiesta, apartándose de los estereotipos y sobreponiéndose al aspecto religioso.

Teología,  “Teoría de Jehová y los comunistas”; historia, “Historias en azul de una Revolución”; costumbrismo “Texto púnico de los cien gallos” o modernismo “Épica del dirigible y la torre”, son algunos de los hitos que jalonan este breve pero intenso libro olvidado de la Sevilla oficial cofrade. Curiosamente este año 2009 se cumplen setenta y cinco años desde su publicación. Puede ser un buen momento para recordarlo.



“La Semana Santa no había existido nunca. Es cierto que se celebró otros años. Pero auténtica existencia no tiene hasta este Domingo de Ramos. Las otras Semanas Santas pertenecen a la Historia, es decir, al recuerdo. Y toda memoria se va, desaparece con su caudal de tiempos y acontecimientos, ante el hecho sencillo de salir los nazarenos a la calle. La Semana Santa surge en resurrección de milagro, que olvidan referencias y avatares. Por eso la Semana Santa es incapaz de filosofía e historia.

En estos días no se razona. Se siente nada más. Se vive y no se recuerda. La Semana Santa no ha existido hasta ahora mismo. Queda lejana toda cuestión previa. Inútil buscarle raíces teológicas o tubérculos históricos. Nace la Semana Santa en sí, para sí y por sí. Es autóctona, autónoma, automática. Nace y crece como una planta. Dura siete días y en ese tiempo germina, levanta el tallo, florece, fructifica y grana.

Acaba finalmente cuando en el postrer nazareno se descalza las sandalias y las envuelve en el último número de “El Socialista”.

El último nazareno, sí tiene su historia y su filosofía. En pesados artículos doctrinales ha leído algo sobre Hegel. También sabe la interpretación materialista de la Historia. Pero ahora no se trataba de eso. No se trataba de Largo Caballero. Pero ¡cuidado! Tampoco del Sumo Pontífice. Se trata de la Semana Santa.

La Semana Santa carece de antecedentes filosóficos y políticos. Es decir, no tiene antecedentes penales.

El último nazareno, está contento. No siente haberle hecho traición a nadie. Ni siquiera a la Segunda Internacional. Él es primero, sevillano.

Por lo demás ha cumplido con su deber. En la puerta del Ayuntamiento unos jóvenes tradicionalistas gritaban ¡Viva la Religión Católica Apostólica Romana! Y él fue uno de los diez mil que pusieron las cosas en su sitio:

-         ¡No! ¡Que viva la Semana Santa!

Son dos asuntos, señores. El nazareno envuelve sus sandalias en el último número de “El Socialista”.

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