IV. Una Historia a retales...
Testigo de Cargo - 09-05-2007 10:18:03 | Categoria: La Butaca
Parece que aún quedan personas que utilizan la pluma de forma constructiva y para el grato entretenimiento de los lectores. Ahí os dejo una colaboración anónima que retoma nuestra olvidada historia a retales...“Te propongo un juego…” La frase se repetía en su cabeza como el preludio de un desastre anunciado. Pero había accedido, y tocaba desempeñar el papel. ”Te propongo un juego…” Le había susurrado Carmen días antes del estreno… “Has de fingir que me seduces…”
Recordaba haber separado un poco su cuerpo sudoroso y haber clavado su mirada sorprendida en aquellos ojos que lo traían loco tras cada encuentro…Le desconcertó encontrarse frente a ella, en aquella cama que jamás le pertenecería, su piel morena desafiándolo a un nuevo esfuerzo por volver a satisfacer sus ansias de ella, tan altiva, tan dulce…
-“¿No fingimos ya suficiente cada vez que él está delante....? Mostrándote indiferente cuando sabes de sobra que acabarás entre mis sábanas… Y ahora quieres que te seduzca, que flirtee contigo en su boda… ¿Para qué, Carmen? Nunca le importó quien te rondara, no creo que vaya a encelarle ver cómo me deshago en halagos… Habrías adelantado más reconociéndole lo que sientes antes de que decidiera casarse… Aunque es un completo imbécil si no se ha dado cuenta a estas alturas…
- ¡No digas eso…! ¡No sabes nada de mí, no sabes lo que siento por él, no me conoces en absoluto!
- Bueno, sé que te gusta dormir con la ventana abierta, que te mueves una barbaridad cuando sueñas, y que nunca te falta un beso de buenos días… ¡Aunque madrugas en exceso, puñetera! Con lo bien que se está en la cama, perreando...
- Te lo voy a pedir como un favor, Blas…Esta vez no voy a comportarme como una niña insoportable… Sólo muéstrate más amable de lo que me tienes acostumbrada, ¿vale? No quiero sentirme sola…”
Recordaba haber sentido lástima por ella, tan segura con todos, mendigando un cariño por otro no correspondido… Si supiera cuánto estaba él dispuesto a dar por ella, y cuánto fingía ya al tratarla como un déspota cada vez que coincidían en público. Ella no lo amaba, y él negaría siempre sentir por ella más allá del deseo físico al que acostumbraba a todas sus conquistas. Pero empezaba a necesitarla cada vez más, y vivía a expensas de que a ella se le antojara compartir un café, un cine, una cena, una noche…
Ese sábado le pareció el más caluroso de su vida, se sentía ridículo de chaqué, ¿por qué coño habría accedido a ser testigo…?. La imagen de Carmen bajando del taxi discurría ante sus narices a cámara lenta, como si sólo ella se dibujara, verde sobre lienzo… Estaba preciosa, no sería difícil… Empezaba el juego…
Comentarios (2) - Referencias (0)
Referencias
Comentarios
-
Con todo esto de los certificados de las jornadas parece que hemos perdido de vista lo que es este blog... y hasta los más fieles hemos perdido la sana costumbre de comentar los artículos que se van añadiendo...
Espero que alguno de los visitantes ávidos de créditos, al menos se haya dado un vueltecita por aquí y siga esta historia a retales, algo se habrá conseguido.
Gracias por esta nueva entrega y esperemos que no tarde en llegar el siguiente número del "folletín"... con perdón.Comentario de CiudadanoCero hace 2 años y 30 meses
-
Gracias, CiudadanoCero... Pensaba que para una vez que me animaba a contribuir en este proyecto narrativo (por llamar de alguna forma a la iniciativa de TestigodeCargo), nadie le prestaría atención. Es agradable saber que "el público lee"...
Por cierto, tenemos algo en común, y en su honor firmo...Comentario de Jimena hace 2 años y 30 meses








