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Fragmentos III


Hace veinticinco años ya (1.982-2.007) desde que Isidoro Moreno Navarro, Catedrático de Antropología de la Universidad de Sevilla, publicara el que sin duda sería su libro más celebrado. En "La Semana Santa de Sevilla. Conformación, mixtificación y significaciones” el autor huye de las imágenes estereotipadas y, de la mano de autores como Chaves Nogales o Núñez de Herrera, intenta rescatar a la Semana Santa de lo que él mismo llama "secuestro unilateral", y nos la presenta como la expresión suprema de folklore sevillano en su acepción clásica: "saber del pueblo" y como la manifestación cultural y popular que mejor aglutina las distintas ideas que se puedan tener de Sevilla


¡Ah!, y si rechazamos por mixtificadoras y resultado de manipulaciones interesadas las interpretaciones unilaterales integristas - en lo político y lo eclesial - y dulzonas - en lo literario - de la Semana Santa de Sevilla, tampoco aceptamos, por unilaterales y tremendistas las visiones falsamente realistas (¡cuánto habría que decir del hace años tan alabado por la progresía “realismo social”!) tipo Alfonso Grosso en novelas con pretensión de documentos sociológicos como “El capirote”, donde el costalero muere bajo las trabajaderas de una angina de pecho por llevar a casa un mísero jornal y la bolsa de comida ansiosamente esperada con que la hermandad paga ocho o diez horas de esfuerzos sobre-infrahumanos, y el nazareno que lleva la Cruz de Guía mortifica por unas horas con cinturón de esparto su “suave cuerpo acostumbrado a las sillas camperas, a los Morris, los Ferraris, a la carne tersa y adolescente, al indolente ejercicio mental de la contemplación de la campiña cereal en la mañana campesina, y a la persecución, a trote corto y bravo, de un eral en la dehesa cenicienta cerrada de olivos y encinares”

Ver en todos los nazarenos a señoritos de cortijo, en todos los costaleros (¡sesenta en los pasos de Crucificados!, según Grosso) a semiesclavos apaleados bajo las trabajaderas como lo son fuera de los pasos por la guardia civil, y en el aplauso de la multitud al abrirse las puertas de una iglesia el mismo aplauso de cuando sale el toro del chiquero de la Maestranza, es el falso cliché, el negativo, de la también falsa fotografía - truculencia inversa - que presenta a todos los nazarenos como místicos ascetas, a todos los costaleros como perfumados querubines que levantan con sus almas, más aún que con sus cuerpos a la Madre celestial, y a toda Sevilla como un inmenso templo católico de fervores y recogimiento.

Ni una ni otra versión explican y ni siquiera describen lo que es la realidad de la Semana Santa de Sevilla. Cada quién podrá citar hechos e historias, puede que verdaderos pero en modo alguno generalizables - esta es la cuestión - , del costalero que sale sólo por afición o de aquel otro al que el paso de la Mortaja le dio la puntilla; y del nazareno que hace de su estación de penitencia el octavo sacramento o de aquel otro que, tras despojarse de la túnica, se iba directamente, ahíto de vino, a retozar con una moza de “La Marina”. Sevilla, su Semana Santa, pueden ser cada una de esas cosas y muchas más, pero no son solamente una de ellas. Son todas a la vez, en una totalidad contradictoria y compleja. Pero desentrañar y esclarecer la complejidad no significa, en modo alguno, afirmar simplismos casi siempre interesados y siempre mixtificadores.

Referencias

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  1. [...] "La Semana Santa de Sevilla. Conformación, mixtificación y significaciones”, donde se hacía referencia a la complejidad de esta realidad que, en palabras del autor, se presenta como un “caleidoscopio&rd [...]

    Referencia de Asociación BAL hace 7 meses y 11 dias

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