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II. Una Historia a retales...

Al fin uno de nuestros asiduos colaboradores se ha animado a continuar la historia que empezamos la semana pasada: ha optado por presentarnos un poquito más a Matías. Os dejo su escrito intacto, para que lo valoréis y hagáis los apuntes oportunos.
Gracias, Salva.

"...¡Matías!, ¡Matías!, ¡Matíaaas!
¡Venga, levanta que ya es la hora!

Mi madre no dejaba de gritarme una y otra vez para que me levantase de la cama. La cabeza me iba a estallar, la noche anterior me había despedido de mi soltería para siempre con el bueno de mi amigo Miguel.

Miguel estaba a punto de llegar con el flamante BMW que había alquilado para la ocasión, siempre desee tener uno de ellos, pero mi condición de político de izquierdas me impedían dar semejante muestra de incoherencia. Aún así, era el único capricho que me iba a dar el día de mi boda.

Eran ya las once pasadas y la boda estaba fijada para las 12:30, poco era el tiempo que me quedaba para conseguir quitarme la cara de resaca y esa barba que me acompañaba desde hacía unos años, pues, por insistencia de la novia, la suegra y la madrina había prometido que iría perfectamente rasuradoen ese día tan especial para todas.

Con un poco de esfuerzo y un par de Aspirinas conseguí que el cuerpo me entrara en caja y ponerme el chaqué que me habían hecho a medida en una sastrería del centro. Ya sólo quedaba esperar a Miguel que llegara con el coche, aunque estaba seguro que se retrasaría. Él parecía sentir más que yo el cambio de mi estado civil, y eso se notó en el número de cervezas que se tomó durante el recorrido por los bares habituales de nuestro barrio, brindando cada una de ellas con algo así como: “esta es la última cerveza que me tomo con mi mejor amigo de soltero, ya nada será igual” .

Miguel llegó un poco tarde, pero al fin llegó, que es lo que cuenta en estos casos. Mientras, la espera había sido dura; mi madre no dejaba de repetirme que cuándo llegaría el coche y de recriminarme por haber confiado en Miguel para ser el chófer del novio, pues para ella era algo irresponsable. A pesar de todo, mi madre le tenía un gran cariño, él había sido mi amigo desde la infancia, pero sabía mejor que nadie los plantones que me había dado a lo largo de todos esos años.

Llegamos a las 12:20, hacía un sol radiante en pleno día de primavera sevillana, y al ratito apareció ella… Carmen, tan guapa y deslumbrante, al menos a mí siempre me lo pareció, con su traje verde a lo Vittorio&Luccino..."

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