Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Asociación BAL

Un espacio para el debate y la reflexión política y cultural

Fragmentos

Con la intención de iniciar, sin periodicidad fija, una pequeña colección de fragmentos literarios de cualquier género que considere puedan ser interesantes y animen, si es posible, a la lectura de la obra completa, traigo hoy hasta esta plaza el primero con especial cariño. Se trata de los apuntes recogidos en Diarios Completos de Manuel Azaña sobre la visita que realiza, al entonces Presidente de la II República, el padre agustino Isidoro Martín, al que conocía de su estancia en el colegio universitario El Escorial cuando iniciaba sus estudios de Derecho y con el que conversa sobre la relación entre la Iglesia del momento y el gobierno de la República.

"Guerra Civil. Cuaderno de La Pobleta (6 de septiembre de 1937)

- Así lo ha comprendido mucha más gente de lo que el señor Presidente cree.
- Podrá ser, pero no lo he notado. ¿No sabe usted que me pintan como un furibundo enemigo de la Iglesia católica? Es estúpido. Desde mi punto de vista, llamarme enemigo de la Iglesia católica es como llamarme enemigo de los Pirineos o de la cordillera de los Andes. Lo que no admito es que mi país esté gobernado por los obispos, por los priores, las abadesas o los párrocos. Tampoco me he opuesto a que las órdenes religiosas practiquen su regla y prediquen la doctrina cristiana a quien quiera oírla. A lo que me opongo es a que enseñen a los seglares filosofía, derecho, historia, ciencias… […] La intransigencia, la ferocidad del todo o nada, nos ha traído la situación actual.
- Las derechas no han sabido adaptarse, no han querido consentir en ningún sacrificio.
- El sacrificio de dejarse cortar un dedo para salvar la mano. Las aspiraciones de la República, por muchos motivos, tenían que ser moderadas. Se empeñaron en creer que eran expoliadoras y demoledoras. Ya ve usted: se ha perdido la mano, y todo el brazo, y temo que podamos perder los dos, quedándose España como un tronco manco. Usted no tiene ningún motivo para ser republicano, pero los tiene usted, y muy graves, para condenar la violencia, las rebeliones, las guerras, por las mismas doctrinas que ustedes me enseñaban en El Escorial. Pues ya ve usted: sus amigos fervorosos, los apasionados de la religión y del orden, son los causantes, no solamente de la desventura personal de usted y de sus compañeros, sino de las instituciones a que pertenecen. Si en julio del año pasado no se hubieran sublevado los padres de los jóvenes que ustedes enseñaban, y casi todos los jóvenes enseñados por ustedes, los compañeros de usted seguirían en El Escorial diciendo misa y rezando en el coro, porque en cinco años de República nadie se lo había prohibido, que yo sepa.
- Así es. […]

Todavía hablamos un ratito. Cuando le despido, ya en pie, le digo unas palabras que le conmueven. Se va llorando. Pocos minutos después, al tomar el coche en el zaguán, veo al padre Isidoro pasar entre las dos filas de soldados, trasponer el umbral, y, estevado, cabizbajo, indiferente, con su andar pasicorto de fraile, perderse en la plaza, llena de sol.
La Iglesia española ha participado en esta guerra como en una cruzada contra infieles. Ahora cuenta con los moros, y los infieles son otros. Muchos eclesiásticos han perecido, e incluso en el bando “nacional” han sacrificado a algunos. Los consejos de guerra de Bilbao condenan a muerte a los capellanes de los batallones vascos. Aunque la Iglesia se creyese atacada, y atacada con injusticia, su papel era muy otro. No debió alentar los enconos políticos. Ni azuzar a unos españoles (a unos prójimos) contra otros. La religión no se defiende tomando las armas ni excitando a los demás a que las empuñen. La religión la han propagado los mártires, los confesores, los misioneros; pero no los guerrilleros, muy poco los teólogos y nada los sociólogos, por cristianos que sean. Después de catorce meses de matanza, todavía no ha pronunciado nadie, con autoridad en la jerarquía, las palabras de paz, de caridad, de perdón que les corresponde decir, si de verdad su reino no es de este mundo."

Referencias

Dirección para referencias

Comentarios

  1. Muy acertado tu fragmento, sobre todo para ese incipiente sector de españolitos neofranquistas, educados en democracia (paradojas de la vida) y fanáticos convencidos de que el bando republicano se dedicó a ejecutar a clérigos sin compasión, cuando, sin ánimo de justificar semejante barbarie, fueron fusilados por el bando nacionalista numerosos sacerdotes vascos, asturianos, extremeños y andaluces, que se negaron a adjudicar el marchamo de defensa católica al más certero golpe contra un legítimo estado de libertades.
    A todos en general, y a tí, Jacinto, en particular, recomiendo "La pólvora y el incienso..." de Hilari Raguer, historiador y monje de Montserrat, notario incómodo y en ocasiones mal visto e incluso castigado por los jerarcas que ven anatemas donde hay ejercicios de libertad...
    Un abrazo.

    Comentario de Mesalina hace 3 años y 47 meses

  2. Continuando con las referencias literarias y ensayísticas os recomiendo a los apasionados por estos temas "Memoria de las dos Españas", de Santos Juliá, historiador, comentarista político y catedrático de la Uned.

    En aquella España, que no se parece en nada a la de hoy, a pesar de lo que algunos nos quieran hacer pensar e interiorizar, se sentaron las bases para que estallara una rebelión y levantamiento militar. Parte de la responsabilidad de generar el clima de odio y animar a los sublevados provino precisamente de la jerarquía de la Iglesia Católica.

    Comentario de Justiniano hace 3 años y 47 meses


Recordar datos


© Todos los derechos reservados a la Asociación Bloque Alternativo Libre B.A.L.
Sindica este sitio usando: RSS 1.0, RSS 2.0, Atom. Esta bitácora se mantiene con Bitacoræ.
LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009